Actualizado el miércoles, 15 septiembre, 2021

No sé que habrás leído, que te han contado o qué expectativas tienes, pero Berlin es una ciudad muy variada. Por si te suena de algo, había un muro, el muro de Berlín. Este dividió la ciudad en dos, en tiempos de la Guerra Fría.

Lo importante: como la ciudad se la adjudicaron Estadounidenses, Franceses, Italianos y Rusos (antigua URSS), pues hay un batiburrillo de mírame y no te menees. Vas a ver de todo.

Por lo general, saben inglés, otra cosa es que quieran hacer el esfuerzo por entenderte, porque muchas veces, se limitan a contestarte en alemán y, aunque les digas si es posible en inglés, te lo vuelven a repetir en alemán. Vamos, esto es como cuando nosotros en Benidorm les chillamos y hablamos más lento pero en castellano… aunque he de decir que nos hemos topado con gente maja. Muy maja.

En cuanto a transportes, los hay de todos los tipos y colores, te llevarán a cualquier parte. Es bastante caro, así que lo mejor es pillar la Berlin Welcome Card, que tienes viajes ilimitados en todos los transportes, así te olvidas. Subes y bajas como Pedro por su casa. Solo hay que validarlo la primera vez que lo usas, después al bolsillo y para cuando te lo pida el revisor, que los hay. Si vas sin billete, 60€.

Por el centro y con un pequeño mapa gratuito o Google Maps, vas a tener cosas para hacer. No te olvides de ver los trozos que quedan del Muro de Berlín. No sé si decirte que es lo más importante que ver, puede que para ti no, pero es lo que marcó a la ciudad.

Comer, se puede comer barato. Eso si, de pie en la calle o take away. Si buscas WC, olvídate, parece que están contados y los que no, pues pasas por caja, normalmente 0,50€. El problema es cuando te viene el apretón, en los que uno pagaría 20€ si hiciese falta, el problema es que no hay. Aun así, unas monedillas en el bolsillo nunca estarán de más

La limpieza no es el punto fuerte de Berlín, está bastante dejada y sucia. Estamos a 15 de Enero, puede que sean los restos de Año Nuevo, aunque no tiene pinta. Mucha mendicidad, gente alcoholizada a todas horas y miles de cristales por los suelos. El pedo de Año Nuevo será.

Aun así, es una ciudad que vale la pena visitar. Qué digo, hay que visitarla. No se puede entender la historia reciente de Europa sin ciertas “aficiones” que tenían por allí y que por suerte han dejado de practicar.

PD: Como en Bruselas, si vas en metro, los más viejos se abre la puerta antes de que pare, así que no juegues con la maneta. Ah, y no olives de beber cerveza, mucha cerveza.

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